Si
observamos los distintos modelos educacionales y nos enfocamos en el
implementado en nuestro país, encontraremos que dentro de los contenidos que
son abordados a lo largo de la vida escolar de un estudiante,
específicamente en el sub-sector de
Ciencias Sociales, es posible encontrar mayoritariamente un estudio acentuado
en la historia universal, actividad importante para contextualizar al
estudiante en la realidad social en que se encuentra inmerso; sin embargo, la
historia de sus orígenes, antepasados, así como la historia local de cada
individuo no son abordados con la importancia y profundidad que estas requieren,
además que es en los primeros años cuando se forma la base de la identidad de
una persona.

Para
lograr una verdadera toma de conciencia en la mente de los estudiantes referente
al estudio de las ciencias sociales, principalmente de Educación Básica, debido
a que es en este nivel en el que es importante formar un criterio propio en relación a su identidad cultural es
fundamental situar al estudiante primeramente en su comunidad primera, que es
la familia, para que adquiera las costumbres y tradiciones propias de la cultura a la cual pertenece, y posteriormente
se realice una ampliación de los conocimientos, así como está estipulado en las
adecuaciones curriculares, de esta forma se logrará potenciar en el
discente el interés por formar su
identidad cultural.
La
pregunta es ¿ Cómo potenciar el sentimiento de identidad cultural a través del
estudio de las ciencias sociales?, una interrogante poco desarrollada en el
sistema escolar, pero que frecuentemente surge en las aulas chilenas, esto
ocurre debido a que los estudiantes adquieren y toman como propias
características de otras culturas, perdiendo las tradiciones que les entrega la
cultura local. Este es un mal que no solo ocurre a nivel educacional, sino que es observable en la sociedad chilena.
La
siguiente reflexión nos permite observar desde un punto de vista distinto lo
referente a la identidad cultural:
"Un
niño o niña requiere aprender a conocer y a valorar sus antepasados, su familia
extendida, saber de dónde vienen, quiénes y cómo es que llegaron a ser su
familia en el espacio social y geográfico, los valores que sustentaron, las
actividades productivas que emprendieron y cómo toda esa historia de su familia
tiene relación con sus anhelos, sus sueños del futuro. Este conocimiento
permite acceder a la valoración y por tanto, sentirse orgulloso de sus raíces;
lo que contribuye a desarrollar la autoestima positiva, que es esencial para
aprender y ser feliz, motor de la búsqueda de una mejor calidad de vida."
I.
Lagos (comunicación personal del 21 de mayo de 2012).
Según
lo anteriormente señalado, es posible destacar que cada ser humano es parte de un grupo humano y
los niños y niñas necesitan sentirse parte de su grupo, sentir que pertenecen a
ese grupo.
Es
importante desarrollar el sentimiento de identidad cultural por parte de los
docentes en sus estudiantes, debido a que este último adquiere un mayor
compromiso e interés por aprender y participar del proceso educativo; para que
este proceso ocurra y se desarrolle de forma adecuada, se debe motivar e
implementar en la mente de los alumnos una consciencia cultural, para que este
la haga propia y sienta las tradiciones como parte de sí mismo.
Un
claro ejemplo que es posible observar en
las aulas chilenas, es el referido a la educación multicultural, en la cual se
encuentran integrados alumnos de distintas etnias, así como por ejemplo, y el
cual constituye uno de los más comunes, es el caso de estudiantes de la etnia
mapuche; al momento de enseñar geografía político- administrativa de Chile,
éste participará y tendrá un mayor aprendizaje debido a sus conocimientos
previos, logrando finalmente un mayor y mejor aprendizaje significativo, y no
sólo en geografía, sino también en las distintas disciplinas que se engloban en
el estudio de las ciencias sociales.
Tener
arraigado el sentimiento de identidad cultural, colabora de manera positiva al
aprendizaje de los contenidos, y son especialmente las ciencias sociales las
encargadas de entregar las herramientas necesarias para que el alumno adquiera
una base sólida en la formación de su identidad, haciéndose participe de la
misma.
Como sostiene
Prats y Santacana (1998), las Ciencias
Sociales son una unidad cimentada en la diversidad; si un docente enseña
a sus estudiantes a respetar su cultura, éste respetará también la diversidad,
comprendiendo que todos somos distintos, pero que sin embargo, interactuamos y
compartimos como iguales.
Para las ciencias
sociales el principal objeto de estudio, es el conocimiento de los individuos y
de cómo estos interactúan y se desenvuelven en el medio en el que se encuentran
inmersos, para que este objetivo pueda lograrse es necesario enseñar
primeramente los elementos propios culturales, luego aprender a reconocerlos y
finalmente valorarlos, de esta forma es posible obtener un conocimiento optimo
del ser humano, el cual tiene entre otras razones de vida, el ser social.
Teniendo una
enseñanza educacional con una base sólida en la identidad, el alumno se
transforma en un ente activo, participante y crítico, pudiendo ser un aporte a
la sociedad.
Haciendo
referencia a la enseñanza de ciencias sociales y del porqué es necesario
practicarlas Prats y Santacana plantean
lo siguiente:
"Potenciar en los niños y adolescentes un
sentido de identidad. Tener una conciencia de los orígenes significa que
cuando sean adultos podrán compartir valores, costumbres, ideas, etc. Esta
cuestión es fácilmente manipulable desde ópticas y exageraciones nacionalistas.
Nuestra concepción de la educación no puede llevar a la exclusión o al
sectarismo, por lo que la propia identidad siempre cobrará su positiva
dimensión en la medida que movilice hacia la mejor comprensión de lo distinto,
lo que equivale a hablar de valores de tolerancia y de valoración de lo diferente."
(Prats y Santacana, 1998, p. 4).
Según
lo anterior, resulta muy importante potenciar la culturalidad desde pequeños,
ya que es en esta etapa en la que los conocimientos son acuñados y comprendidos
de forma más clara, de esta forma niños y niñas conciben la idea de tolerancia y diversidad a lo diferente,
proceso que en edades más adultas resulta una tarea compleja de efectuar, ya
que se realizan juicios o adquieren posturas erróneas que el medio muchas veces
les impone.
Por
otro lado, pero sin restarle importancia, la labor que cumple el docente en las
aulas adquiere una mayor relevancia a la hora de ayudar a los estudiantes a
comprender sus propias raíces culturales y la herencia que existe en común con
sus pares, es el docente el encargado de motivar a sus estudiantes, activar
conocimientos previos y reforzar los valores que se les son entregado en el
hogar a cada discente; como indica Prats y Santacana (1998) “No se puede
imponer una cultura estándar ni uniforme en el ámbito planetario a los jóvenes
de una sociedad tan diversa culturalmente como la actual” (p. 4), referido a
este punto es importante valorar que si
bien compartimos variados aspectos culturales, estos no son iguales y no se
rigen de la misma forma para todos, los estudiantes son los que adquieren estos
aspectos y los transforman como propios.
Utilizar
el concepto de identidad cultural en la educación toma un rol importante y
significativo a la hora de formar estudiantes, ya que es la educación propiamente tal la
encargada de potenciar ésta identidad, así como plantea Norambuena y Mancilla:
"[…]
la educación juega un rol esencial en potenciar la identidad cultural, porque para
poder salvaguardar hay que reconocer, ya que no se puede formar en el alumno un
sentido de pertenencia de algo que le es desconocido […] su memoria le permite
utilizar sus ideas y conocimientos previos como elementos fundamentales al
momento de configurar su propio conocimiento, y le facilita la interiorización
de nuevos contenidos."
(Norambuena y Mancilla, 2005)
Si
nos enfocamos en el rol propiamente tal del docente de Ciencias Sociales y
según lo estipulado en los objetivos fundamentales y contenidos mínimos
obligatorios de la educación básica, éste
es el encargado de “fortalecer la formación ética de la persona, orientar el
proceso de crecimiento y autoafirmación personal, y a orientar la forma en que
la persona se relaciona con estas personas y con el mundo”, el docente no sólo
es el transmisor de conocimientos y contenidos, sino que es el motivador, guía
y orientador en el proceso de enseñanza aprendizaje, es por esto que resulta de
suma importancia que refuerce los
valores referentes a la identidad cultural de sus estudiantes, ya que éstos
recogen e interiorizan lo tratado por su profesor, y entre más bajo el nivel
educativo, es posible observar que tanto niños y niñas creen que los docentes
son los dueños de la verdad absoluta; como profesores es necesario utilizar
esta posibilidad para recalcar la importancia que tiene el sentido de
pertenencia e identidad cultural para la vida adulta.
Ahora
bien, si buscamos una definición de cultura podemos encontrar diversas que
hacen relación a este término, desde conceptos antropológicos a sociológicas,
de las cuales es posible destacar las siguientes:
Concepto
antropológico; que indica una forma particular de vida, de gente de un período,
o un grupo humano; esta apreciación está
directamente ligada a la valoración de costumbres, estilo de vida, formas
materiales y organización social.
Concepto
humanista- estético; que describe trabajos y prácticas de actividades
intelectuales y específicamente artísticas, como en cultura musical,
literatura, pintura y escultura, tiene su origen en la conformación histórica
de nuestra propia cultura.
Concepto
sociológico; corresponde al concepto abstracto que describe procesos de
desarrollo intelectual, espiritual y estéticos, así como el progreso
intelectual y social del hombre en general, de las colectividades de la
humanidad.
En
síntesis y formando nuestra propia definición de cultura podemos sostener que
significa el conjunto de procesos y características referidas al estilo de
vida, valores, costumbres, entre otras y que tienen un origen basado en la
formación histórica de nuestras raíces.
Eguiguren
(1987), Todo hombre participa de una cultura. Esta es una máxima antropológica
que para muchos puede ser obvia; pero…, es muy corriente escuchar afirmaciones
tales como “gente sin cultura”, “pueblos incultos” o bien “culturas atrasadas”.
Lo anterior hace referencia a que se confunde muchas veces el tener cultura con
ser sabio o tener conocimientos, este problema es concebido en los primeros
años de escolaridad, en la cual se enseña de forma errónea que el grado de
instrucción o de conocimientos de un individuo constituye su cultura.
Referido
a que la identidad cultural es la cultura contextuada, todos aquellos rasgos
culturales que hacen que las personas pertenecientes a un grupo humano y a un
nivel cultural, se sientan iguales culturalmente, Millán se refiere de la
siguiente manera:
" […] no se puede decir que un grupo humano es
“idéntico” a otro, por similar, próximo o parecido que sea. En realidad, la
cultura de un grupo humano es como su huella dactilar: no hay dos grupos
humanos que tengan la misma cultura."
(Millán, 2003, p. 54)
Según
todo lo señalado anteriormente, podemos observar que finalmente potenciar el
sentido de identidad cultural a través de la enseñanza de las ciencias sociales
es posible, ya que todo esto depende de variados factores, primeramente y como
principal comunidad está el rol que juega la familia, los cuales son los
primeros encargados de potenciar sus
orígenes, y posteriormente el docente es quien incentiva al descubrimiento de
la identidad cultural de sus estudiantes, basándose en la premisa de la diversidad, en que si bien todos somos
iguales, pertenecemos a grupos culturales distintos, y se debe instaurar un
ambiente de respeto y aceptación así como
la valoración de los orígenes y raíces de cada individuo.
Actividades
en aula para potenciar la identidad cultural a través de las ciencias sociales
son variadas y parten desde las más simples hasta las más complejas de
realizar, un ejemplo de esto es lo que se realiza con los primeros niveles
educacionales, donde es posible como actividad a realizar que los estudiantes
averigüen sobre su historia familiar, sus antepasados, basándose en la
tradición oral, así como documentos y fotografías y luego sean expuestas al
grupo curso; por otro lado realizar salidas a terrero con los estudiantes de niveles
educacionales más avanzados a fuertes
históricos o museos, refuerzan los
conocimientos previos y motiva extrínsecamente a conocer otras culturas así
como intrínsecamente a valorar la
propia.
Dichas
actividades, según lo señalado en la teoría constructivista de Bruner, es
posible obtener aprendizajes por descubrimiento, en la cual los alumnos tienen
una participación activa del proceso de enseñanza- aprendizaje, ya que, al
descubrir, los estudiantes son expuestos a desafiar su propia inteligencia, impulsándolo
a resolver problemáticas. Por otro lado
es posible obtener un aprendizaje significativo basado al aporte realizado por
Ausubel.
Como
estudiantes, es posible concebir que según nuestra experiencia estudiantil,
podemos inferir que el proceso experimental y didáctico entrega de forma
significativa un proceso de aprendizaje más efectivo que el tradicional que
implica la memorización como técnica principal. Implementar estos procesos en
las aulas educacionales para enseñar y potenciar el sentido de identidad
cultural en los estudiantes de ciencias sociales resulta importante a la hora
de obtención de resultados, ya que, según comprobaciones evaluativas de dichos procesos, se ha probado que un
estudiante que aprende haciendo, adquiere
mejores conocimientos y competencias referidas a los contenidos
tratados.
Así,
finalmente, es posible concluir que resulta efectivo para la obtención de
resultados del proceso de aprendizajes por parte de los estudiantes, el potenciar el sentido de identidad cultural
a través de la enseñanza de las ciencias sociales, ya que son éstas las que
finalmente se ocupan de motivar al estudiante en el conocimiento del pasado,
del cual es posible comprender el presente y poder proyectarse en el futuro.
Referencias bibliográficas:
- Millán, T. A. (2003). Procesos
internos del sistema social I: La cultura. En Fundamentos socioculturales de la Educación. Temuco: C.E.C.A.D.
- Eguiguren, J. E. (1987). Relaciones internacionales: Una perspectiva
antropológica, Ed. Andrés Bello, p 12.
- Valenzuela, G. (2003). El
conocimiento en la Sociedad Moderna. En La
problemática del conocer. Temuco: C.E.C.A.D.
- Norambuena, P. y Urrutia, V.
(2005). Tesis: La identidad cultural como fuente de aprendizaje significativo.
Universidad de Los Lagos. Osorno.
- Prats, J y Santacana, J. (1998).
Enseñar historia y geografía. Principios básicos.