miércoles, 19 de diciembre de 2012

IDENTIDAD CULTURAL A TRAVÉS DE LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES - Por Marjorie Salamanca Vejar



Si observamos los distintos modelos educacionales y nos enfocamos en el implementado en nuestro país, encontraremos que dentro de los contenidos que son abordados a lo largo de la vida escolar de un estudiante, específicamente  en el sub-sector de Ciencias Sociales, es posible encontrar mayoritariamente un estudio acentuado en la historia universal, actividad importante para contextualizar al estudiante en la realidad social en que se encuentra inmerso; sin embargo, la historia de sus orígenes, antepasados, así como la historia local de cada individuo no son abordados con la importancia y profundidad que estas requieren, además que es en los primeros años cuando se forma la base de la identidad de una persona.

Para lograr una verdadera toma de conciencia en la mente de los estudiantes referente al estudio de las ciencias sociales, principalmente de Educación Básica, debido a que es en este nivel en el que es importante formar un criterio  propio en relación a su identidad cultural es fundamental situar al estudiante primeramente en su comunidad primera, que es la familia, para que adquiera las costumbres y tradiciones propias de la  cultura a la cual pertenece, y posteriormente se realice una ampliación de los conocimientos, así como está estipulado en las adecuaciones curriculares, de esta forma se logrará potenciar en el discente  el interés por formar su identidad cultural.
La pregunta es ¿ Cómo potenciar el sentimiento de identidad cultural a través del estudio de las ciencias sociales?, una interrogante poco desarrollada en el sistema escolar, pero que frecuentemente surge en las aulas chilenas, esto ocurre debido a que los estudiantes adquieren y toman como propias características de otras culturas, perdiendo las tradiciones que les entrega la cultura local. Este es  un mal que  no solo ocurre a nivel educacional, sino  que es observable  en la sociedad chilena.
La siguiente reflexión nos permite observar desde un punto de vista distinto lo referente a la identidad cultural:
"Un niño o niña requiere aprender a conocer y a valorar sus antepasados, su familia extendida, saber de dónde vienen, quiénes y cómo es que llegaron a ser su familia en el espacio social y geográfico, los valores que sustentaron, las actividades productivas que emprendieron y cómo toda esa historia de su familia tiene relación con sus anhelos, sus sueños del futuro. Este conocimiento permite acceder a la valoración y por tanto, sentirse orgulloso de sus raíces; lo que contribuye a desarrollar la autoestima positiva, que es esencial para aprender y ser feliz, motor de la búsqueda de una mejor calidad de vida."
I. Lagos (comunicación personal del 21 de mayo de 2012).
Según lo anteriormente señalado, es posible destacar que  cada ser humano es parte de un grupo humano y los niños y niñas necesitan sentirse parte de su grupo, sentir que pertenecen a ese grupo.
Es importante desarrollar el sentimiento de identidad cultural por parte de los docentes en sus estudiantes, debido a que este último adquiere un mayor compromiso e interés por aprender y participar del proceso educativo; para que este proceso ocurra y se desarrolle de forma adecuada, se debe motivar e implementar en la mente de los alumnos una consciencia cultural, para que este la haga propia y sienta las tradiciones como parte de sí mismo.
Un claro ejemplo  que es posible observar en las aulas chilenas, es el referido a la educación multicultural, en la cual se encuentran integrados alumnos de distintas etnias, así como por ejemplo, y el cual constituye uno de los más comunes, es el caso de estudiantes de la etnia mapuche; al momento de enseñar geografía político- administrativa de Chile, éste participará y tendrá un mayor aprendizaje debido a sus conocimientos previos, logrando finalmente un mayor y mejor aprendizaje significativo, y no sólo en geografía, sino también en las distintas disciplinas que se engloban en el estudio de las ciencias sociales.
Tener arraigado el sentimiento de identidad cultural, colabora de manera positiva al aprendizaje de los contenidos, y son especialmente las ciencias sociales las encargadas de entregar las herramientas necesarias para que el alumno adquiera una base sólida en la formación de su identidad, haciéndose participe de la misma.
Como sostiene Prats y Santacana (1998), las Ciencias Sociales son una unidad cimentada en la diversidad; si un docente enseña a sus estudiantes a respetar su cultura, éste respetará también la diversidad, comprendiendo que todos somos distintos, pero que sin embargo, interactuamos y compartimos como iguales.


Para las ciencias sociales el principal objeto de estudio, es el conocimiento de los individuos y de cómo estos interactúan y se desenvuelven en el medio en el que se encuentran inmersos, para que este objetivo pueda lograrse es necesario enseñar primeramente los elementos propios culturales, luego aprender a reconocerlos y finalmente valorarlos, de esta forma es posible obtener un conocimiento optimo del ser humano, el cual tiene entre otras razones de vida, el ser social.

Teniendo una enseñanza educacional con una base sólida en la identidad, el alumno se transforma en un ente activo, participante y crítico, pudiendo ser un aporte a la sociedad.

Haciendo referencia a la enseñanza de ciencias sociales y del porqué es necesario practicarlas Prats y Santacana  plantean lo siguiente:

"Potenciar en los niños y adolescentes un sentido de identidad. Tener una conciencia de los orígenes significa que cuando sean adultos podrán compartir valores, costumbres, ideas, etc. Esta cuestión es fácilmente manipulable desde ópticas y exageraciones nacionalistas. Nuestra concepción de la educación no puede llevar a la exclusión o al sectarismo, por lo que la propia identidad siempre cobrará su positiva dimensión en la medida que movilice hacia la mejor comprensión de lo distinto, lo que equivale a hablar de valores de tolerancia y de valoración de lo diferente."

(Prats y Santacana, 1998, p. 4).
 
Según lo anterior, resulta muy importante potenciar la culturalidad desde pequeños, ya que es en esta etapa en la que los conocimientos son acuñados y comprendidos de forma más clara, de esta forma niños y niñas conciben la idea de  tolerancia y diversidad a lo diferente, proceso que en edades más adultas resulta una tarea compleja de efectuar, ya que se realizan juicios o adquieren posturas erróneas que el medio muchas veces les impone.
Por otro lado, pero sin restarle importancia, la labor que cumple el docente en las aulas adquiere una mayor relevancia a la hora de ayudar a los estudiantes a comprender sus propias raíces culturales y la herencia que existe en común con sus pares, es el docente el encargado de motivar a sus estudiantes, activar conocimientos previos y reforzar los valores que se les son entregado en el hogar a cada discente; como indica Prats y Santacana (1998) “No se puede imponer una cultura estándar ni uniforme en el ámbito planetario a los jóvenes de una sociedad tan diversa culturalmente como la actual” (p. 4), referido a este punto es importante valorar  que si bien compartimos variados aspectos culturales, estos no son iguales y no se rigen de la misma forma para todos, los estudiantes son los que adquieren estos aspectos y los transforman como propios.
Utilizar el concepto de identidad cultural en la educación toma un rol importante y significativo a la hora de formar  estudiantes,  ya que es la educación propiamente tal la encargada de potenciar ésta identidad, así como plantea  Norambuena y Mancilla:

"[…] la educación juega un rol esencial en potenciar la identidad cultural, porque para poder salvaguardar hay que reconocer, ya que no se puede formar en el alumno un sentido de pertenencia de algo que le es desconocido […] su memoria le permite utilizar sus ideas y conocimientos previos como elementos fundamentales al momento de configurar su propio conocimiento, y le facilita la interiorización de nuevos contenidos."
(Norambuena y Mancilla, 2005)

Si nos enfocamos en el rol propiamente tal del docente de Ciencias Sociales y según lo estipulado en los objetivos fundamentales y contenidos mínimos obligatorios de la educación básica,  éste es el encargado de “fortalecer la formación ética de la persona, orientar el proceso de crecimiento y autoafirmación personal, y a orientar la forma en que la persona se relaciona con estas personas y con el mundo”, el docente no sólo es el transmisor de conocimientos y contenidos, sino que es el motivador, guía y orientador en el proceso de enseñanza aprendizaje, es por esto que resulta de suma importancia que  refuerce los valores referentes a la identidad cultural de sus estudiantes, ya que éstos recogen e interiorizan lo tratado por su profesor, y entre más bajo el nivel educativo, es posible observar que tanto niños y niñas creen que los docentes son los dueños de la verdad absoluta; como profesores es necesario utilizar esta posibilidad para recalcar la importancia que tiene el sentido de pertenencia e identidad cultural para la vida adulta.
Ahora bien, si buscamos una definición de cultura podemos encontrar diversas que hacen relación a este término, desde conceptos antropológicos a sociológicas, de las cuales es posible destacar las siguientes:
Concepto antropológico; que indica una forma particular de vida, de gente de un período, o un grupo humano; esta  apreciación está directamente ligada a la valoración de costumbres, estilo de vida, formas materiales y organización social.
Concepto humanista- estético; que describe trabajos y prácticas de actividades intelectuales y específicamente artísticas, como en cultura musical, literatura, pintura y escultura, tiene su origen en la conformación histórica de nuestra propia cultura.
Concepto sociológico; corresponde al concepto abstracto que describe procesos de desarrollo intelectual, espiritual y estéticos, así como el progreso intelectual y social del hombre en general, de las colectividades de la humanidad.
En síntesis y formando nuestra propia definición de cultura podemos sostener que significa el conjunto de procesos y características referidas al estilo de vida, valores, costumbres, entre otras y que tienen un origen basado en la formación histórica de nuestras raíces.
Eguiguren (1987), Todo hombre participa de una cultura. Esta es una máxima antropológica que para muchos puede ser obvia; pero…, es muy corriente escuchar afirmaciones tales como “gente sin cultura”, “pueblos incultos” o bien “culturas atrasadas”. Lo anterior hace referencia a que se confunde muchas veces el tener cultura con ser sabio o tener conocimientos, este problema es concebido en los primeros años de escolaridad, en la cual se enseña de forma errónea que el grado de instrucción o de conocimientos de un individuo constituye su cultura.
Referido a que la identidad cultural es la cultura contextuada, todos aquellos rasgos culturales que hacen que las personas pertenecientes a un grupo humano y a un nivel cultural, se sientan iguales culturalmente, Millán se refiere de la siguiente manera:

" […] no se puede decir que un grupo humano es “idéntico” a otro, por similar, próximo o parecido que sea. En realidad, la cultura de un grupo humano es como su huella dactilar: no hay dos grupos humanos que tengan la misma cultura."
(Millán, 2003, p. 54)

Según todo lo señalado anteriormente, podemos observar que finalmente potenciar el sentido de identidad cultural a través de la enseñanza de las ciencias sociales es posible, ya que todo esto depende de variados factores, primeramente y como principal comunidad está el rol que juega la familia, los cuales son los primeros encargados de potenciar  sus orígenes, y posteriormente el docente es quien incentiva al descubrimiento de la identidad cultural de sus estudiantes, basándose en la premisa de  la diversidad, en que si bien todos somos iguales, pertenecemos a grupos culturales distintos, y se debe instaurar un ambiente de respeto y aceptación así como  la valoración de los orígenes y raíces de cada individuo.
Actividades en aula para potenciar la identidad cultural a través de las ciencias sociales son variadas y parten desde las más simples hasta las más complejas de realizar, un ejemplo de esto es lo que se realiza con los primeros niveles educacionales, donde es posible como actividad a realizar que los estudiantes averigüen sobre su historia familiar, sus antepasados, basándose en la tradición oral, así como documentos y fotografías y luego sean expuestas al grupo curso; por otro lado realizar salidas a terrero con los estudiantes de niveles educacionales  más avanzados a fuertes históricos o museos, refuerzan  los conocimientos previos y motiva extrínsecamente a conocer otras culturas así como intrínsecamente a  valorar la propia.
Dichas actividades, según lo señalado en la teoría constructivista de Bruner, es posible obtener aprendizajes por descubrimiento, en la cual los alumnos tienen una participación activa del proceso de enseñanza- aprendizaje, ya que, al descubrir, los estudiantes son expuestos a desafiar su propia inteligencia, impulsándolo a resolver problemáticas.  Por otro lado es posible obtener un aprendizaje significativo basado al aporte realizado por Ausubel.
Como estudiantes, es posible concebir que según nuestra experiencia estudiantil, podemos inferir que el proceso experimental y didáctico entrega de forma significativa un proceso de aprendizaje más efectivo que el tradicional que implica la memorización como técnica principal. Implementar estos procesos en las aulas educacionales para enseñar y potenciar el sentido de identidad cultural en los estudiantes de ciencias sociales resulta importante a la hora de obtención de resultados, ya que, según comprobaciones evaluativas  de dichos procesos, se ha probado que un estudiante que aprende haciendo, adquiere  mejores conocimientos y competencias referidas a los contenidos tratados.
Así, finalmente, es posible concluir que resulta efectivo para la obtención de resultados del proceso de aprendizajes por parte de los estudiantes,  el potenciar el sentido de identidad cultural a través de la enseñanza de las ciencias sociales, ya que son éstas las que finalmente se ocupan de motivar al estudiante en el conocimiento del pasado, del cual es posible comprender el presente y poder proyectarse en el futuro.




Referencias bibliográficas:


  • Millán, T. A. (2003). Procesos internos del sistema social I: La cultura. En Fundamentos socioculturales de la Educación. Temuco: C.E.C.A.D.
  • Eguiguren, J. E. (1987). Relaciones internacionales: Una perspectiva antropológica, Ed. Andrés Bello, p 12.
  • Valenzuela, G. (2003). El conocimiento en la Sociedad Moderna. En La problemática del conocer. Temuco: C.E.C.A.D.
  • Norambuena, P. y Urrutia, V. (2005). Tesis: La identidad cultural como fuente de aprendizaje significativo. Universidad de Los Lagos. Osorno.
  • Prats, J y Santacana, J. (1998). Enseñar historia y geografía. Principios básicos.


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